sábado, 15 de diciembre de 2012

CAMINO A LA CRUZ - MATEO 26 - 27


Esta es la reflexión que tuvimos anoche en la celebración de la Santa Cena...

Hoy nos reunimos como iglesia, para recordar la muerte de Nuestro Señor Jesucristo. Un acontecimiento triste y doloroso por todas las situaciones que se dieron alrededor del mismo.

En Mateo 26:36-46, ya casi finalizando su vida antes de ir a la cruz, nuestro Amado Jesús, va a Getsemaní con sus discípulos. En ese lugar él toma a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, quienes son testigos literales, de la tristeza y la angustia por la que el Señor está pasando - Mateo 26:37-38.

Luego Jesús se aparta de estos hombres, y en una intimidad absoluta, ora 3 veces al Padre diciendo las mismas palabras. - Mateo 26:39, 42, 44.

Una vez termina su tercer ruego al Padre, Jesús levanta su mirada, y Judas Iscariote; acompañado de mucha gente con espadas y palos, se le acerca, lo besa y da la orden de prenderlo. - Mateo 26:47-49.

Luego Jesús va al concilio; donde Caifás, el sumo sacerdote lo está esperando. Los sacerdotes, los ancianos y todo el concilio buscaban falso testimonio contra él  para acusarlo, sin encontrar forma de hacerlo.

Seguido a esto y ante la pregunta evidente de Caifás, Jesús afirma ser el Cristo, el Hijo de Dios, a lo que la multitud a una sola voz rechaza de manera brutal. - Mateo 26:62-66.

Le escupen el rostro, le dan puñetazos, lo abofetean y finalmente lo tientan a profetizar sobre quienes han sido los que le han golpeado. - Mateo 67-68.

Después tiene que soportar que uno de sus discípulos más amados (Pedro), lo niegue una, y dos y tres veces. Es llevado a donde Poncio Pilato, el Gobernador; quien se maravillaba mucho al ver la forma como Jesús respondía y reaccionaba a todo lo que decían de él y contra él. Sin embargo tanto asombro de parte de Pilato, no sirvió mucho porque horas después, prefirió liberar a Barrabas, preso famoso y condenar a muerte a Jesús quien no tenía culpa alguna. - Mateo 17-23.

Los soldados romanos le llevan al pretorio, donde reúnen alrededor de él a toda la compañía, lo desnudan y después de golpearlo brutalmente le ponen un manto de escarlata sobre su cuerpo. Luego toman una corona tejida de espinas y la clavan en su frente, le ponen una caña en su mano derecha, e hincan sus rodillas delante de él diciendo: Salve Rey de los Judíos.

Lo escupían, tomaban la caña que habían puesto en su mano derecha y le golpeaban la cabeza. Después de haberle escarnecido, le quitaron el manto, le pusieron sus vestidos y le llevaron para crucificarle. Llegan a Gólgota, el lugar de la calavera, donde le dan a beber vinagre mezclado con hiel (Una bebida impasable por la amargura de la misma). - Mateo 33-34.

Va a la cruz y es asesinado de la manera más brutal que ha conocido la historia de la humanidad. Sus manos y sus pies son traspasados por los clavos que firmemente penetran la madera de la cruz. - Isaías 53.

Mientras esto sucedía, la gente le injuriaba meneando la cabeza y diciéndole: Tú que derribas el templo y en tres días lo reedificas, sálvate a ti mismo. Si eres hijo de Dios, desciende de la cruz y creeremos en ti. Desde la hora sexta hasta la hora novena, hubo tinieblas en toda la tierra. Y cerca de la hora novena, Jesús clamó diciendo: Dios mío, Dios Mío. ¿Por qué me has desamparado? Y habiendo clamado a gran voz, entregó el espíritu.

Jesús, el hijo de Dios, Dios mismo hecho carne soportó todo esto por amor a ti y por amor a mí. Gracias a ese sacrificio, todos nosotros hemos sido perdonados y justificados delante del Padre. Si lo queremos, podemos vivir vidas abundantes acá en la tierra, mientras llegamos al cielo que Jesús mismo ha preparado para nosotros.

Por eso como iglesia celebramos la muerte del Señor Jesucristo. Recordamos su amor y sufrimiento. Meditamos en la clase de vida que estamos llevando, y nos limpiamos entendiendo que lo menos que podemos hacer, al recordar la muerte de nuestro Salvador, es vivir vidas santas delante de Él. 

Los animamos a que en esta época de navidad, y en el transcurso del año que viene; nuestras vidas sean un fiel reflejo de la vida de Jesús en nosotros.

Que abandonemos esas prácticas de cualquier índole que no se ajustan a lo que Dios nos pide en Su Palabra. Que seamos ese testimonio claro con nuestra vida, para que cuando nuestras bocas se abran para hablar de él, tengamos el respaldo de una vida ejemplar que le muestra a El en todas las áreas.

1 Juan 4:19 - Nosotros le amamos a él, porque el nos amó primero.

Juan 15:14 - Si me amáis, guardad mis mandamientos.

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