sábado, 31 de mayo de 2014

EL ACUSADOR


Para esta entrada el Señor me mostró en Apocalipsis 12, en los versículos 9 y 10 que transcribo a continuación: “Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él. Entonces oí una gran voz en el cielo, que decía: Ahora ha venido la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo; porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche.”, una referencia directa a Satanás, sus características, poder y especialmente lo referente a su capacidad para acusarnos delante de Dios.

Aunque su destino es la derrota y destrucción, por la voluntad del Señor, Satanás temporalmente podrá usar su maligno poder para afectar nuestro desarrollo como cristianos, conocemos gracias al discipulado y el estudio de la Palabra que él tiene como herramienta la tentación esperando que caigamos como él y pequemos, buscando que rompamos nuestra comunión con Dios, que dejemos de llevar fruto y que nuestro testimonio frente a nuestros hermanos en la fe y el mundo inconverso se vea debilitado.

Y no satisfecho con interrumpir nuestra intimidad con el Señor nos acusa constantemente de nuestros pecados llevándonos a dudar de la salvación y el gozo que ella produce.

Revisemos II de Corintios 2:11: “para que Satanás no gane ventaja alguna sobre nosotros; pues no ignoramos sus maquinaciones.” De día y de noche está ideando y ejecutando sus planes malignos como se describe perfectamente en II de Corintios 11:3: “Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo.”

Nuestros sentidos como los de Eva son falibles y sí sumamos a eso un sentimiento de culpabilidad por estar en pecado los resultados pueden ser nefastos.


Jóvenes, sí fuimos tentados, sí caímos en pecado, no demos espacio a que Satanás se aproveche de la vulnerabilidad de nuestros sentidos y a través de la acusación de pecado genere en nosotros sentimientos de culpabilidad y duda sobre la salvación y el gozo que esta produce, interrumpiendo nuestra relación cercana con el Padre, busquemos el perdón de Dios y la restauración de nuestra relación intima con él, vivamos I de Juan 1:9: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.”. Confesemos nuestro pecado, arrepintámonos, confiemos en la hermosa promesa contenida en ese pasaje dando gracias por su perdón, y así mantendremos al Acusador alejado de nosotros.

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